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"La batalla sigue el estruendo diario / cada latido es un soldado despedazado / una trinchera perdida / Y cada despertar me encuentro vestido de verde y caqui / esperando el día en que esto deba acabar. / Cada día se resume en caminar sin pisar una mina / cada día se diluye en el dolor de los amigos caídos / y el deber impostergable de sonreír a pesar de estar vivos. / Cae la mortaja horrible de la noche / y levanto la mirada salpicada de estrellas / de este a oeste / y mis ojos duermen lágrimas una vez más / sabiendo que hasta el toldo de la noche / llegan las esquirlas de las granadas de esta diaria guerra por vivir.
"Cuando Abril me golpeó por décimoséptima vez / a veces la vida te golpea con un reloj de fierro en la cabeza / necesité urgentemente un rostro que nunca llegó. / Una mitad de mí logró escapar por la fuerza centrífuga de la ventana vacía / volando cual gota de mercurio liberada de su deber. / Tuve días de volar y una avioneta esperándome en Long Island / con una long-lost lover entre recuerdos de alcohol. / Tuve monedas para correr y toda una vida encerrada en la ilusión / Si no me hubiese despertado / hubiese seguido volando en las alas de mi dulce y añorada perdición. / Pero ahora cada mañana sueño en blanco y negro / lo que de otra manera hubiese recordado en tecnicolor."
"Ser la última en salir / la última en irse / Arrebatada de aquéllos / que lo mantenían / Ser la última de la fila / de aquéllos que viven / la silueta de un sueño / atesorado por aquéllos / que a ella se aferran. / Casi la ruptura/ de nuestra relación de amor / El estilete corta rápido / como un latigo atravesando el aire. Ganadores de carreras largas / ¿sobreviviremos al vuelo? / Ninguno de nosotros le corre / a la luz del fuego. / Quisiera creer / creo lo que ustedes dicen / En el drama del momento / para nosotros, no hay manera fácil / Ninguno se va / todos se quedan cerca hasta que el fuego se extinga.
Ser la última en salir / ¿Qué originó el temible divorcio en la noche? / No había competencia. / Para sobrevivir, hazlo bien / y tú crees en los cinco / Para sobrevivir a la distancia / todos luchan / todos luchan / también las luciérnagas.
A riesgo de mis sentimientos / somos soñadores en la noche / Algunos lo llaman mi pesadilla / mis cinco luciérnagas / Al igual que en un barco / ninguno de nosotros escapa." (Stevie Nicks, traducción libre de la letra).
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Quizá no exista una fuerza y un espíritu que encarne más vivamente el alma humana colectiva que se vivió en los Estados Unidos y gran parte del mundo durante la década de 1970 que la banda de rock FLEETWOOD MAC, y gran parte de ese espíritu tiene un nombre propio: STEVIE NICKS. Cuando en 1974 la banda inglesa de rock Fleetwood Mac (formada principalmente por Mick Fleetwood, John McVie y su esposa Christine McVie) solicitaron los servicios de un nuevo guitarrista, se toparon con Lindsey Buckingham, un diestro guitarrista norteamericano que gustoso aceptó entrar al grupo... con una condición: que también aceptaran a su compañera de composición y de amores, una joven rubia llamada Stevie Nicks. Allí empezó la fábula de uno de los grupos más exitosos de la historia del rock. Parte de la raíz de dicho éxito radicaba en que cada uno de los integrantes, muy distintos entre sí, ponía con una química fantástica parte de su ser en cada canción.
Para la joven Stevie, este camino fue poco más que un sueño hecho realidad: su camino con la banda comenzó cuando contaba 26 años de edad, y su ingreso al grupo fue simplemente una tormenta. Stevie Nicks es pasional y voraz cuando plasma sus sentimientos en una canción y sencillamente no tenía miedo alguno de desnudar su más íntimo ser ante todos en cada composición. Sus creaciones de esa época hablan en un lenguaje metafórico y febril de sus vivencias con el grupo (que llegó a ser un grupo de amigos irreemplazables), sus sueños y su relación amorosa con Lindsey Buckingham. No obstante, para fines de la década de 1970, la fama, la rutina y el cansancio no sólo desgastaron su relación con Buckingham, sino también la mística completa del grupo de amigos. Nicks sólo podía verse libre de tanta pena y desgarro: todas sus composiciones de esa etapa reflejan brutal pero melancólicamente su negación a terminar con el sueño.
Una de mis canciones favoritas de Fleetwood Mac (y una de las menos conocidas) es FIREFLIES, lanzada en 1980 en el álbum en concierto Fleetwood Mac - Live. Su letra es un reclamo visceral por lo perdido en el camino y su renuencia a dejar atrás todas sus queridas vivencias con el grupo. En ella, Nicks juega con la idea del fuego (como símil de la inspiración y la pasión que sentía durante los inicios del grupo) y pone a los cinco integrantes como sus "luciérnagas", por cuanto estos insectos deben mantenerse juntos forzadamente para mantener su luz viva y moverse en la oscuridad. La música también es un llanto clamoroso y sombrío, con el teclado oscuro de Christine McVie como tela de fondo para una de las canciones más fabulosas de su tiempo.
Cuando por una fuerza sísmica e invencible / mis brazos se cruzan en un negro y lento espacio vacío / intuyo que me haces falta. / El amor, lo conocí hace tiempo / cuando un día de hojas de otoño / sin querer pegaste las alas de tus labios / contra la húmeda ventana de mi miedo. / Cuando estudiabas silenciosa tus materias / yo quería ser página y ciencia / examen urgente ardiendo en tu memoria / y poder estar quieto a tu lado, dormir en tu sueño / y ser tu relojito despertador. / De repente esta nube de mariposas alrededor del farol / converge a mi ruego y se materializa en tu cuerpo / tan niebla y jardín / y deja de ser tan solo las mariposas de la ausencia. / El amor, voraz como la sal del mar / brota de tu boca y tu cuerpo vuelve a estar aquí.
Su sombra recortada en la pared / se negaba a seguir al cuerpo que le dio la vida / La puerta del restorán en verde contra amarillo se abría / como la boca de un dragón alegre y desdentado ante él / Su sombra finalmente dio un paso adelante. / El amplio traje de cuervo con dos alas sobre la cabeza / no entonaba con el salón / que tantos años atrás le vio salir / y su sombra le seguía quejumbrosa / chirriando hastiada / el peso de la innoble cadena que la unía a él / Negras plumas buscaron la antigua mesa / y se aposentaron sobre el verde tapiz / mientras con el pico repasaba los recuerdos / que a prisa pasaban por la ventana. / Quién lo pensara, quién lo pensara / volver tras tantos abriles / al nido donde nací / yo que repasé a vista de pájaro / guerras y paces / vidas y muertos / fines de siglo y caídas de reinos / tormenta y destrucción / y que por tanto tiempo me dediqué al negocio del perdón / Hoy sólo vuelvo para el epílogo del soliloquio de mi vida. / De pronto, sus ojos abiertos / dos inmensas perlas negras / detuvieron su reloj un segundo inacabable / cuando una danza de plumas blancas / con el pulso vital de las mareas / y la atmósfera inconfundible de una gaviota / detenida frente a él le preguntó / Buen día, señor cura, ¿qué va a pedir? / Y la joven mesera fue la síntesis cruel / del más duro de los epílogos / y las negras plumas comenzaron a pesarle tanto / que sintió cómo se desprendían de su faz / como negras lágrimas.***
Esta charla sobre volverse viejo / Está trayéndome abajo, querido / Como un gato en una bolsa, esperando ahogarse / Esta vez me estoy viniendo abajo. / Y espero que estés pensando en mí / Mientras yaces sobre tu costado / Las drogas ya no funcionan / Sólo te hacen peor / Pero sé que veré tu rostro una vez más.
Era el tiempo en que una niña recogía atardeceres / Vestida de espuma con un cesto llenito de ayer / Al dar vuelta la esquina del meridiano / observaba absorto un pelícano de capa y bastón / de gabán raído y naftalinado / anclado en el pensamiento como semilla de sol / Las gaviotas trillaban los campos de rocío / con sus lomos curtidos de viento y sudor / y los chorlitos alborotados remecían el silencio / mientras pujaban en la bolsa del valor.